Tania, educadora de CASA- Vigo nos narra su experiencia tras los dos meses ilusión y esfuerzo.
Casa Vigo comenzó su andadura hace dos meses, con toda la ilusión y entusiasmo que supone dar forma a un proyecto socioeducativo que promueve la integración completa del menor, desde una metodología activa que fomenta el desarrollo de los chicos y chicas en todas y cada una de las áreas de su vida. Arrancamos con el apoyo incondicional del colegio Don Bosco, que nos cede sus instalaciones, nos orienta en cada uno de los casos y nos ayuda con parte del material que empleamos en las actividades alternativas al refuerzo escolar.
En este momento estoy yo como educadora y tengo a mi cargo a ocho maravillosos chavales, que tienen circunstancias personales tan diferentes como complicadas, de los que aprendo cada día algo nuevo y de los que estoy tremendamente orgullosa.
La rutina de cada día es casi siempre la misma: salen de clase a las 17:00h, hacemos un descanso de treinta minutos. Al acabar, nos ponemos con los deberes y a preparar exámenes y trabajos, hacemos especial hincapié en las técnicas de estudio. Dedicamos una hora y media al refuerzo escolar. A partir de las 19:00h y hasta las 20:00h, trabajamos diferentes dinámicas que fomentan las habilidades sociales, la igualdad, la educación para la salud, la educación en valores… también dedicamos tardes a los cumpleaños de cada un@, en las que realizamos juegos y dinámicas de distensión.
El balance hasta la fecha ha sido muy positivo, a nivel de comportamiento su actitud para con las clases ordinarias y sus compañeros ha mejorado notablemente. Son chicos y chicas con problemas de adaptación escolar, ya no sólo a nivel académico, sino por dificultades de integración debido a retrasos motores, madurativos, desajustes familiares y de relación con los demás. Cada caso es particular y propio, y procuro, en la medida de lo posible, hacer un seguimiento individualizado, mediante tutorías personales de carácter semanal. La idea de estas tutorías partió de una parte de los propios menores, que acudían siempre un rato antes para ser escuchados. Agradecen mucho esa atención, me lo demuestran cada día con todo su cariño.
Paloma, orientadora del centro y tutora de 1º de la E.S.O. es mi gran apoyo, mi guía y mi confidente. Gracias a su entrega me es posible darle forma al proyecto, siempre está ahí para aconsejarme, para tenderme la mano cuando hay alguna dificultad y para orientar mi labor hacia los muchachos. Tanto ella, como los tutores de los cursos de primaria, me aportan su experiencia para poder trabajar con cada menor de una manera integral.
Mi experiencia con los padres de alumnos es muy variada, algunos se interesan, llaman, preguntan…procuro estar en contacto con ellos para ver cual es su punto de vista sobre la evolución de sus hijos. Me entrevisté con ellos al principio de curso y al final de la 1ª evaluación. La mayoría se interesan y prometen colaborar, pero a efectos prácticos muy pocos lo hacen, debido “a la falta de tiempo” o a una escasa o nula comunicación entre padres separados.
El proyecto marcha, paso a paso, con todo nuestro cariño y esfuerzo. Voy adaptando las actividades semanalmente, después de comprobar que un planning mensual no servía de mucho. Los chicos pasan por diferentes estados: a veces están muy cansados, a veces revoltosos… por lo que decidí actuar según sus necesidades. Procuro tener siempre un plan “B”, por si lo que tenía planteado no se ajusta a lo que ellos necesitan en ese momento.
Hemos trabajado diferentes áreas: Igualdad de género, con debates y lluvias de ideas. Educación emocional, con películas, cartas, expresión plástica y redacciones. Habilidades sociales, con dinámicas y role playing.
Técnicas de estudio, con esquemas y resúmenes…
Juegos de distensión (para que descarguen energía, son muchas horas en el colegio y es necesario que dediquen parte del tiempo al ocio y al recreo…)
También tenemos un mural dónde cada día escribimos una de nuestras “Frases para reflexionar”, citas célebres que abarcan diferentes temas sobre las que debatimos brevemente…
A modo de conclusión: cada día que pasa le estoy más agradecida al proyecto. Me siento parte de un engranaje en el que todos somos uno y compartimos una meta en común, meta tan importante cómo es ayudar a que los menores se integren, se sientan útiles, puedan desarrollar todas sus habilidades y se conviertan, con el paso del tiempo, en adultos llenos de ilusión y expectativas.
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